¿Franco anti-demócrata?

Cuando con tanta saña como falsedad se acusa a Francisco Franco de dictador, asesino, genocida y no sabemos ya cuántas cosas más. Cuando reniegan de él los que todo se lo deben: jerarquía eclesiástica, católicos en general, el rey emérito y el actual, obreros (que ya no son proletarios) y no sabemos ya cuántos más. Cuando todos se jactan y ufanan de haber sido los padres de la patria, de la Constitución, de la democracia, de la libertad, de la prosperidad y no sabemos ya de cuánto más. Nada mejor que bucear en los archivos –que por ahora siguen existiendo–, para comprobar la falacia, ruindad y miseria de todos ellos.

De los cuatro objetivos que Franco se propone sucesiva y públicamente en el primer año de la guerra (Primero, ganar la guerra; segundo, liquidarla; tercero consolidar el Estado; y cuarto, restaurar la Monarquía en un Rey pacificador que no se cuente en el  número de los vencedores”) (“Una hora con el Generalísimo”, entrevista del  marqués de Luca de Tena, “ABC”, Sevilla, 18.07.1937) –conseguido el primero el 1 de Abril de 1939 y el segundo ya en 1945–, el tercero se puede considerar cumplido con la promulgación de la Ley Orgánica del Estado (Ley 1/1966, aprobada en referéndum nacional de 10 de Enero) para culminar la institucionalización del Estado”.

Ya la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (aprobada en referéndum nacional de 26 de Julio de 1947) había definido España, como unidad política, Estado católico, social y representativo, que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino”. Y la ley de Principios del Movimiento (17 de Mayo de 1958) había declarado que la forma política del Estado es la Monarquía tradicional, católica, social y representativa. Después (1969) Franco declararía que los Principios del Movimiento son alterables y que España debe ingresar en la órbita del capitalismo liberal” (“Creemos en la juventud”, declaraciones del Caudillo al director de “Arriba”, Manuel Blanco Tobio, Madrid, 01.04.1969). Promulgó la amnistía de todos los delitos de la guerra (Decreto-ley 10/69, de 31 de Marzo de 1969), prescripción de las posibles responsabilidades penales que pudieran derivarse de cualquier hecho que tenga relación  con aquella Cruzada, quedando de esta forma jurídicamente inoperante  de cualquier consecuencia penal de lo que en su día fue una lucha entre hermanos”. Y, en fin, con arreglo a la legislación vigente, somete a las Cortes  (22 de Julio de 1969) la designación  del príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón, como su heredero en la Jefatura del Estado, a título de Rey”.

Según el gradualismo característico del sistema, en la ley Orgánica del Estado –toda una Constitución democrática que no tendría que haberse modificado– no aparece la palabra Falange ni su derivada FET y de las JONS, tan presentes en el origen. Por este y otros signos concordantes, la Ley Orgánica del Estado tiene una acogida internacional que sólo los abducidos pueden comparar con el tránsito de Alemania o Italia al término de la Segunda Guerra Mundial.

 Para Francisco Franco, el gran enemigo del orden es el liberalismo. Y, sin embargo, la Historia le ha mantenido en el Poder treinta años, para que de forma cautelosa, como es típico en él, conduzca a su nación hacia una España más libre, más democrática y, finalmente, más liberal”. (“New York Times”,  editorial,  Nueva York, 24.11.1966)

Las Cortes Españolas aprobaron por aclamación esta noche la nueva Constitución del país, presentada personalmente por el Generalísimo Franco, en un paso importante hacia una prudente liberalización del sistema político de la nación”. (TAD SZULC, “New York Times”, Paris, 23.11.1966)

Con la aceptación por las Cortes de la Ley Orgánica del Estado se ha producido la puesta en marcha, tanto tiempo esperada, para un cambio de la estructura política de España. El Régimen se ha decidido a adoptar una medida que ha de allanar el camino de España hacia la democracia y que prepara sistemáticamente para esta transición”. (WERNER SCHULZ, en “Frankfurter Allgemeine “, Francfort, 24.11.1966)

El General Franco ha anunciado esta noche unas reformas constitucionales que inyectarán cierta democracia en el Parlamento español. Pero hizo una advertencia de que seguirán prohibidos los partidos políticos”. (JOHN ORGAN, “Daily Mail”, Londres, 23.11.1966)

 Franco, que el día 4 de diciembre cumplirá los setenta y cuatro años, ha preparado también una marcha hacia la “democratización” del sistema representativo. En su conjunto, las disposiciones que ha propuesto a las Cortes y que fueron acogidas con calurosos aplausos, presuponen un ambiente de liberalización de la  vida política española”. (“IL RESTO DEL CARLINO”, Bolonia, 24.11.1966)

 A los españoles gustará más que nada la mayor libertad de expresión, más acorde con lo que se encuentra en el resto de la Europa occidental. Háblase, pues, ahora de elecciones, pero no de partidos  políticos, que no ayudarían a España “a abrir la vía de una democracia, autentica, ordenada y eficaz”. (“THE TIMES”, editorial, Londres, 23.11.1966)

 El Jefe del Estado español ha presentado al país una nueva Carta que crea el puente entre la ley del gobierno personal y la del gobierno del pueblo”. (“EL TIEMPO”, Nueva York, 24.11.1966)

 Las medidas tomadas, aunque mucho más reducidas de lo que había esperado la mayoría de los españoles, continúan la tendencia liberalizadora que actualmente prevalece en España”. (RUSELL BONER, “The Wall Street Journal”, Nueva York, 24.11.1966)

 Más que la reforma dispuesta por la nueva Ley, llama la atención la coherencia con que se viene actuando en España, sin conmociones, conforme a un programa a  largo plazo destinado a transformar profundamente las estructuras del país (…) Guste o no guste, España, aun pudiendo modificar radicalmente sus instituciones, ha de edificar el propio futuro sobre la base de cuanto ha sido creado en estos años”. (“IL GIORNALE D’ITALIA”, Roma, 25.11.1966)

 El General Franco, de setenta y tres años, ha revelado esta noche sus planes para conducir a su país suavemente hacia la libertad”. (PETER STEPHENS, “Daily Mirror”, Londres, 23.11.1966)

La solemnidad y la importancia de la jornada que acaba de vivir España no pueden discutirse. Al abrir el último capítulo de su contribución a la historia contemporánea de su país, el General Franco ha dado a entender claramente hoy que deposita en manos de los españoles su verdadero testamento político”. (J. GUILLEME-BRULON, “Le Figaro”, Paris, 23.11.1966)

Luego Franco encaminó sutilmente, despacio y con medida a su régimen excepcional para una etapa excepcional de la historia de España hacia una democracia que ya no iba a ser la “orgánica” por él construida, sino otra más abierta; bien que no la que hoy vemos, claro está.

Por último, en cuanto al cuarto de los objetivos que Franco se propuso y que citamos al principio “restaurar la Monarquía en un Rey pacificador que no se cuente en el  número de los vencedores”, también lo consiguió cuando Juan Carlos I llegó al trono. Otra cosa es que su mediocridad, falta de categoría, materialismo y borbonismo le impulsaran a deshacer la obra de Franco, en vez de haberla mantenido con las lógicas actualizaciones, pero, aprendiendo de la historia, y más aún de la más reciente, no haber vuelto a la base de partida, con las consecuencias que hoy vemos y que no son nuevas en nuestro devenir histórico, por desgracia.

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